Desafío de Obama: mantener respaldo hispano

Barack Obama ha borrado los avances logrados por su predecesor George W. Bush entre los hispanos, ya que ese sector electoral ha dado consecuentemente al mandatario un elevado índice de aprobación y la Casa Blanca está empeñada en mantenerlo.

El desafío de Obama es asegurar que el respaldo hispano al Partido Demócrata en las elecciones del 2010 sigue vigente y seguirá durante su propia campaña para la reelección en el 2012, al mismo tiempo que intenta enmendar la política de inmigración, un tema candente tanto entre los hispanos como el resto de la sociedad estadounidense.

Los hispanos son la minoría de más rápido crecimiento en Estados Unidos. El gobierno calcula que constituirán el 30% de la población para el 2050, duplicando su número actual y reforzando su influencia política.

Si los demócratas logran utilizar el atractivo de Obama, Texas y otros estados tradicionalmente republicanos podrían estar a su alcance en el futuro. Ello causaría problemas al Partido Republicano, de mayor edad, composición blanca y carente de una personalidad atractiva que otorgue a los hispanos la prioridad que les dio Bush.

Empero, aunque el último sondeo de Associated Press-GfK indica que el 68% de los hispanos aprueba el desempeño de Obama, mantener esa tasa de popularidad no está garantizada.

“Los demócratas me entienden, y éste en particular parece escuchar lo que necesitamos y lo que queremos”, dijo Tina Calhoun, una californiana de 52 años que creció en el seno de una familia republicana pero suele votar por los demócratas. Empero, al igual que muchos, no es incondicional de Obama. “Quiero darle un poco más de tiempo”, indicó.

No está claro si los hispanos respaldarán a los demócratas con tanto entusiasmo el próximo año cuando Obama no figure entre los candidatos. Las minorías y los jóvenes que acudieron masivamente a las urnas a votar por Obama en el 2008 no lo hicieron este año por los demócratas en las lizas a las gobernaciones de Virginia y Nueva Jersey.

Además, tres años son una eternidad en política, el tiempo que media para la próxima campaña presidencial del mandatario, quien además prometió reformar la ley de inmigración antes de esa fecha. Su proyecto incluye otorgar eventualmente la nacionalidad a 12 millones de indocumentados que residen ilegalmente en el país.

No es una tarea fácil, como lo demostró el espectacular fracaso del intento del 2007.

La inmigración, especialmente la ilegal, en un tema candente tanto en la izquierda como en la derecha estadounidense. Los republicanos podrían malquistar a los hispanos con su estridente retórica en contra de los indocumentados. Y los demócratas podrían desilusionarlos al no hacer cosa alguna, retrasar la reforma y emprenderla gradualmente. Por ello, está garantizada una nueva batalla en el Congreso cuando se vuelva a analizar el tema.

“Nuestra comunidad juzgará (a Obama) según cumpla la promesa que formulo de reformar la inmigración al comienzo de su mandato”, comentó Janet Murguía, presidenta del Consejo Nacional La Raza.

En las elecciones generales de noviembre del 2008, Obama obtuvo el 67% del voto hispano frente al 31% del republicanos John McCain. Fue un gran salto en comparación con los comicios del 2004, cuando el postulado demócrata John Kerry ganó el 53% del voto hispano frente al 44% que obtuvo Bush, un texano que cultivó con esmero ese sector electoral.

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