Daños que no se miran

Un informe de la entidad divulgado en marzo denunció que miles niños estadounidenses cuyos padres han sido arrestados y deportados por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) “sufren severos daños psicológicos, en algunos casos irreversibles”.

“Están viviendo en condiciones muy difíciles, lejos de sus padres, con hogares destruidos por una política migratoria que debe ser cambiada para frenar este sufrimiento”, agregó.

Datos recientes de Pew Hispanic Center, un grupo de Washington que estudia los movimientos migratorios en Estados Unidos, reveló que unos 4 millones de niños nacidos en Estados Unidos forman parte de familias con estatus mixto, en donde uno de sus padres tiene estatus legal para vivir en el país y el otro es indocumentado, por lo que viven bajo riesgo de redadas, arrestos, detenciones y la deportación.

En octubre de 2007, El Consejo Nacional de La Raza y The Urban Institute, publicaron un informe donde aseguraron que el número de niños estadounidenses afectados por las redadas bordeaba los 5 millones y exigieron al Gobierno federal y al Congreso que aprueben una reforma migratoria que permita legalizar a indocumentados que carecen de antecedentes criminales, pagan impuestos y llevan tiempo en Estados Unidos.

Dos intentos fracasados

Pero el debate de la reforma migratoria ha fracasado dos veces en los últimos cuatro años. Tibios intentos bipartidistas en 2006 y 2007 fueron engavetados tras aceleradas y acaloradas discusiones nacionales que no llegaron a nada en concreto y, por el contrario, desataron una oleada antiinmigrante.

La Asociación Nacional de Municipalidades reveló que desde comienzos de 2006 en al menos 35 estados se han debatido más de 1,600 leyes contra la inmigración indocumentada y más de 120 proyectos fueron aprobados, aunque varios fueron detenidos en las cortes por tratarse de iniciativas que violan la Constitución de Estados Unidos.

Si bien el Congreso aguarda la presentación de un proyecto de reforma migratoria, éste -una iniciativa demócrata liderada por el Senador Charles Schumer (Nueva York) pero que todavía no cuenta con patrocinio republicano- no alcanzará a ser debatido en lo que queda de 2009 y su debate se da por sentado que ocurrirá en 2010, año en que los estadounidenses volverán a las urnas para participar en las elecciones de medio tiempo.

Los comicios de noviembre del próximo año serán el primer termómetro que medirá la fuerza de Obama y los demócratas dos años después de recuperar el control de la Casa Blanca y las dos cámaras del Congreso.


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